Patrones Relacionales de cada tipo. Eric R. Meyer

Uno: Este patrón tiene que ver con la dificultad de sentirse apreciado y aprobado. Los Unos cultivan su aprecio por el valor y el potencial de los demás y porque quieren verlos completamente desarrollados tienen altas expectativas para ellos y los demás. Se identifican con el valor de la fe en las promesas individuales, esperando resultados de los que puedan estar orgullosos. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede llevar al Uno a ser un perfeccionista inflexible, ignorando y luego desconcertándose con los comunes errores humanos. Los Unos quieren ver y sacar lo mejor de las personas en un mundo con bajas expectativas. Al mismo tiempo, siguen siendo sensibles a la aprobación de los demás.

Dos: Este patrón tiene que ver con la dificultad para sentirse cuidado amorosamente. Los Dos tienen una constante preocupación por cómo deben tratarse a las personas adecuadamente y les trastorna no poder cumplir con ese estándar. Se identifican con el valor de la preocupación amorosa por el bienestar de las personas y encuentran constantemente formas de demostrarlo en sus vidas. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede transformarse de manera desconcertante en parcialidad, posesión o manipulación. El Dos quiere ser la encarnación del cuidado amoroso en un mundo desconsiderado. Esta es la expresión de un valor idealizado, no una estrategia quid-pro-quo (dar para recibir), no importa cuán sensibles sigan siendo a la sensación de que no se los trata bien.

Tres: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse queridos por quiénes son realmente. Los Tres quieren sentir la excitación y el propósito de ser ellos mismos, a pesar de no estar ya seguros de quiénes son. Se identifican con el valor de la alegría de la conexión amorosa y se sienten guiados por el corazón, moldeados por la relación con los demás. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso conlleva la demostración exterior de aquello con lo que suelen tener problemas de sentir directamente, quedando atrapados en demostrar que son las mejores esposas, madres, etc. Los Tres quieren ofrecer una conexión amorosa a un mundo cruel. Invierten tanta energía en ello que terminan estando demasiado ocupados e impacientes, sin tiempo para la propia experiencia interna, especialmente para cualquier deseo de reconocimiento o amor.

Cuatro: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentir una conexión especial en las relaciones. La conexión especial, íntima y personal juega un rol muy importante en su vida, sin la que siente soledad y vacío. Los Cuatro desean la rica experiencia que de alguna manera perdieron y cultivan sus emociones para realzar una vida de otra forma “común”. Se identifican con el valor de la conexión especial y profunda y quieren sentirla y restaurarla en un mundo gris y deprimente. Perseguido con demasiada insistencia, como una idealización, eso puede aparecer como excesivo, melodramático y auto-indulgente. Cuando se acerca a alguien, pierde el sentimiento de conexión especial lo que causa que sienta que algo está mal y se aleje, dejando al Cuatro algo ambivalente en las relaciones.

Cinco: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse visto, escuchado y entendido. Las relaciones se sienten insatisfactorias así que los Cinco tienden a retirarse observando a los demás mientras dudan si alguien nota qué es lo que les pasa, o cualquier contribución que ellos hagan. Se identifican con el valor de poner atención y comprender, en especial lo que los demás parecen ignorar. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede hacerlo parecer distante o impersonal. Los Cinco quieren ser los perceptivos en un mundo desatento. Al mismo tiempo ellos no registran todavía esa cualidad de atención en ellos mismos, y otros pueden detectar eso, lo que ayuda a explicar la incomodidad de los Cinco en los contactos que ellos no son conscientes de haber iniciado.

Seis: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse confiadamente apoyados. Los Seis se vuelven dudosos, incluso desconfiados, siempre buscando y nunca sintiéndose realmente seguros. Se identifican con el valor de la lealtad y la confiabilidad, incluso desviándose del camino para apoyar a un “ser indefenso” abandonado, porque otros no lo harán. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, su sistema de alianzas puede volverse demasiado apasionado y frágil, sujeto a cambios repentinos de juicio debido a dudas y miedos, reales o imaginados. Los Seis quieren ser personas confiables en quienes apoyarse en un mundo caprichoso e inseguro. Al mismo tiempo continúan con grandes problemas para confiar en sí mismos.

Siete: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentir que los demás también quieren lo que es bueno para ellos. Los Siete empiezan a anticipar y a resistirse a las restricciones a su libertad, sospechando que los demás las imponen por sus propias y dudosas razones. Se identifican con el valor de lograr la respuesta mejor y más satisfactoria, para ellos y los demás. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización eso los vuelve propensos a utilizar la racionalización y la acción unilateral. Los Siete quieren maximizar su satisfacción en un mundo equivocado, confiados en que ellos saben lo que es mejor para los demás. También siguen estando ansiosos por escapar de cualquier perspectiva limitante.

Ocho: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse respetado. Los adultos ejercen el poder en la temprana infancia del Ocho y este se preocupa de que el poder se ejerza para beneficio de los adultos. Se identifican con el valor de defender el valor individual, encontrando poder en su propia ira cuando alguien se aprovecha de aquellos que no pueden defenderse solos. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización eso puede parecerle desproporcionado o avasallante a los demás. Los Ocho quieren destacarse por ser justos en un mundo potencialmente abusivo. Al mismo tiempo siguen en guardia contra cualquier traición que pudieran descubrir.

Nueve: Este patrón tiene que ver con la dificultad de sentirse bienvenido e incluido. Los Nueve se sienten no queridos, como participantes periféricos o de segunda clase cuyos deseos o quehaceres no importan a los demás. Se identifican con el valor de la inclusión y la armonía, imaginando un mundo en el que todos sean bienvenidos y preocupándose por todos los que no parezcan serlo. Perseguido con demasiada insistencia, como una idealización, esto puede crearles dificultades para hablar por sí mismos o para reconocer y lidiar con sus verdaderos problemas. Los Nueve quieren unir a un mundo lleno de personas que tienen problemas en convivir. Al mismo tiempo continúan sorprendiéndose y resintiéndose al sentir que los pasan por alto.

Hice descripciones breves y simples porque ya estamos muy familiarizados con las consecuencias del funcionamiento de cada tipo. De todas formas hay algunas revisiones de las ideas estándar de los tipos.7 Por ejemplo, los Unos se preocupan más que nada por el aprecio y la realización de su propio potencial y el de los demás, no solo por la perfección de los resultados. Los Cincos dan un paso hacia atrás “del mundo” lo que significa: de las relaciones, porque se sienten invisibles y esperan ser ignorados o vencidos; el conocimiento se transforma en un sustituto no de la acción sino de la conexión. Pero por sobre todo, los patrones de los nueve tipos no son estrategias extrañas y egoístas para conseguir la conexión con los demás que una vez sentimos que necesitábamos, en verdad pareciera que perdimos esa expectativa completamente, incluso a pesar de que continuemos experimentando una reactividad dolorosa por ello. Más bien son maneras torpes de dar en las relaciones, incluso de querer hacer del mundo un lugar mejor y nuestra tarea en la adultez es comenzar a liberarnos de esa incomodidad subyacente que puede hacer aparecer esos intentos como dislocados o excesivos y muchas veces que no funcionan o no se sientan bien. Escuché hace poco una muy buena observación de una Dos que fue entrevistada sobre su tipo:

“La gente dice que doy y que soy generosa… para mí, decir que soy generosa, no sé, yo no podría decir eso de mí misma, pero esa es mi actitud. Yo doy…si hay cosas que los demás necesitan, que necesitan que pasen, entonces voy a saltar, voy a saltar para ayudar”.8

Así es como se siente encarnar una idealización, no solo en los Dos sino de diferentes maneras en todos los tipos: una peculiar sensación de necesidad que nos incita a actuar y hacer lo que sabemos hacer tan bien y quizás después una cierta desorientación a causa de ello. Nuestro desafío es encontrar formas de conocernos y darnos de una manera más auténtica, sentida, intencional y satisfactoria, que podamos sentir en el cuerpo.

Al estar acostumbrado a pensar en términos de necesidades frustradas y de descripciones de los tipos que las enfatizan, me sorprendí profundamente al darme cuenta de que las idealizaciones de los tipos tienen que ver con dar. Ahora me siento mejor respecto a los eneatipos, acerca de las personas en general y respecto de mí mismo, como espero que les suceda a los demás. No somos un conjunto de tacaños y glotones, no importa lo equivocadas que nuestras acciones puedan estar a veces. En algún lugar, muy en el fondo, yo lo sabía, como sospecho que otros también lo saben. No digo que deba tomarse al tipo como algo positivo en vez de negativo, saludable y no patológico: tiene los dos aspectos y dada la manera particular en que se desarrollan los seres humanos, algo así puede haber sido necesario para el funcionamiento inicial del yo en las relaciones. Lo que me parece importante subrayar es que los patrones de los tipos surgen de una experiencia profunda y dolorosamente negativa, pero pretenden más que la supervivencia. Eso nos dice algo de la naturaleza humana que no siempre se apreció en su totalidad.

Trabajando con el tipo

Hoy hay maneras para trabajar con este material que van directo al punto. Primero podemos aprender a reconocer nuestra reactividad, la manera en que solemos sentirnos lastimados o amenazados. Experimentamos ese aspecto de todos los patrones de los tipos en diferentes medidas, y no necesitamos convencernos de que sea lo que sea que hayamos sentido en falta, en realidad ahora está disponible, pero lo que debemos abordar es ese sentimiento persistente que nos dificulta entender cómo eso pudo pasar. Segundo, podemos reexaminar la manera en que nuestra atención se dirige a los demás, aprendiendo a distinguir entre los verdaderos y sentidos actos de amor, apoyo y apreciación y otros actos que realizamos con una peculiar sensación vacía de necesidad, como agentes de nuestro tipo de idealización. Aquí también sería más eficaz, en vez de solamente describir nuestra estructura tipo en detalle, ir más a lo profundo y trabajar sobre los sentimientos específicos que lo conducen.

Encontré no hace mucho un método terapéutico llamado Psicoterapia Integrativa Corporal9 (IBP por sus iniciales en inglés) que tiene exactamente ese abordaje. La IBP aborda las dificultades de la temprana infancia formulando “mensajes” energéticos esenciales que podemos imaginar haber recibido (aunque de hecho no los recibimos, y casi nadie los recibe) de un buen padre. Muchos de ellos suenan como si se hubieran diseñado para los desafíos de los eneatipos y con unas pocas alteraciones10 pueden reunirse una lista de nueve que encajan perfectamente con los tipos:

1. Estoy orgulloso de ti.

2. Te cuidaré con amor.

3. Te amo no por lo que haces, sino por quién eres.

4. Eres especial para mí.

5. Te veo y te escucho.

6. Puedes confiar en mí, siempre estaré para ti.

7. Quiero lo mejor para ti, incluso cuando digo: No

8. Te respeto como persona por derecho propio.

9. Te quiero y te doy la bienvenida.

Lo que importa no es decir o pensar exactamente esas palabras , que se pueden variar si algo diferente funciona mejor para ti, sino enfocarse en la calidad energética que aportan como mensajes relacionales y permitir que evoquen sentimientos en tu cuerpo que quizás no sientas desde hace mucho tiempo. Como repetimos tantas veces con tristeza “la conciencia no es suficiente”: los sentimientos de benevolencia que ya no son familiares no se materializan instantáneamente una vez que reconocemos lo insuficientes que son nuestros intentos por imitarlos. Debemos encontrarlos y reconectarnos con ellos, y cultivarlos con paciencia y amor. Esos “buenos mensajes parentales” pueden ayudarnos porque son lo suficientemente objetivos para guiarnos de nuevo a aspectos perdidos muy importantes en la sensación de falta de las relaciones.

En la primera infancia, absortos en nuestra experiencia inmediata usamos la imaginación para escapar de los malos sentimientos sobre nosotros mismos, desarrollando la idealización de un tipo, pero la imaginación no es suficiente, porque no se puede cambiar la manera en que uno siente de verdad. Como adultos contamos con mejores recursos para volver sobre el problema. Lo primero que puedes notar al trabajar con estos mensajes es una vieja sensación de dolor o sufrimiento debido a un sentimiento en falta, y si permaneces con él, puedes también empezar a tener una sensación de ese buen sentimiento. Si eso no funciona enseguida puede ayudarnos respirar unos minutos más profundamente o levantarnos y movernos, porque sentirnos mal respecto a nosotros mismos hace que la energía de nuestros cuerpos disminuya y dificulta el acceso a los sentimientos más genuinos. Este es un enfoque simple que puede practicarse en grupo o individualmente. No requiere de muchas preguntas acerca de cómo llegamos a tener dificultades con ese sentimiento relacional crucial en la infancia o por qué más con uno que con los otros, en cambio se enfoca en resolver esas dificultades aprendiendo a reconocer y cultivar esos sentimientos en el cuerpo en el aquí y ahora.

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